12. Saya: La melodía lovecraftiana

Saya es la deuteragonista y, según el desenlace, también puede asumir el papel de antagonista en la novela visual Saya no Uta.


Se trata de una entidad interdimensional que fue traída al mundo por el Dr. Ogai. Desde el inicio, demostró poseer una inteligencia extraordinaria y difícil de medir, lo que despertó el interés del doctor, quien decidió acogerla como objeto de estudio. A medida que adquiría más conocimientos sobre la cultura y la literatura humanas, Saya desarrolló mayor comprensión del mundo. Sin embargo, tras ser abandonada por el Dr. Ogai y quedarse sin respuestas, emprende la búsqueda de su paradero.



Su búsqueda la lleva al hospital donde el doctor trabajaba. Al no encontrar rastro de él, decide permanecer allí oculta durante un tiempo. Es en ese lugar donde conoce a Fuminori Sakisaka, un estudiante de medicina que, tras sufrir un accidente automovilístico, queda con agnosia, alteración que le impide percibir el mundo con normalidad. Debido a su condición, Fuminori no ve a Saya como la criatura grotesca y deforme que realmente es, sino como una pequeña niña de cabello verde mentolado. A partir de este encuentro surge entre ambos una relación cercana que evoluciona hacia un vínculo retorcido al que llaman “amor”.


Saya es un personaje complejo y difícil de encasillar. El término “monstruo” suele emplearse para describir a alguien cuyos actos resultan tan perturbadores que cuesta considerarlo humano. En ese sentido, se intenta apartarla de cualquier rasgo de humanidad. No obstante, Saya demuestra capacidades propias de los humanos: aprende, comprende y desarrolla deseos. Aun así, sus instintos apuntan a la erradicación de la humanidad con el fin de imponer su propia especie.


Sus comportamientos psicopáticos evidencian una marcada frialdad y desconexión emocional, como se observa en la experimentación realizada con Yosuke Suzumi y en el abuso, tortura y transformación de Yoh Tsukuba. Más que actos motivados únicamente por afecto o lealtad hacia Fuminori, estas acciones parecen responder a su curiosidad por explorar y perfeccionar sus habilidades, llegando incluso a disfrutar de ello. Dependiendo del final, Saya puede enfrentarse a la muerte, a la soledad o al cumplimiento absoluto de su propósito, dejando su “melodía” resonando en el mundo o desapareciendo junto a ella.



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